sábado, 3 de febrero de 2018

Tiempo, tiempo, el tiempo.



El tiempo es el único dueño absoluto de todo lo que crees tuyo. Todo le pertenece. Todo fue suyo antes de comenzar y todo será suyo cuando todo esto haya terminado. Tiempo. Creemos poder controlarlo, acotarlo en estúpidos periodos, representarlo en inútiles calendarios o medirlo en los más variados y estrafalarios dispositivos. Es imposible. El tiempo es inmenso y tenaz. Invisible y ajeno a tus lágrimas, tus risas o tus súplicas. Mientras tanto: unas copas de cristal que chocan, una llamada que detiene tu paso al instante, un silencio de margaritas que nos ocupa y nos entretiene, una compañía que nos alivia la tristeza de nuestra soledad, un abrazo, una caricia que recorre tu espalda y dos o tres instantes para recordar mañana. Y claro, también están tus ojos.


Juanjo Ginés
La cueva de los Locos

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