miércoles, 14 de febrero de 2018

Para mi amar



Para mi amar fue encontrarte cuando la vida no había hecho sino comenzar. Aun recuerdo con claridad el bosque de versos alejandrinos y de ruidos extraños por el que paseabas sola el día en que nos conocimos.
Para mi amar fue cerrar los ojos para poder  verte cada día y sorprenderme a altas horas de la noche dibujando en mi imaginación el contorno de tu cuerpo memorizado. Recuerdo también los poemas desteñidos que escribía a diario sobre la corteza de los árboles de hoja caduca que había en mi plaza y en todas aquellas plazas por las que paseábamos juntos.
Para mi amar fue una espera y también una caricia. Un silencio derrochado y mil palabras pronunciadas en el azar de una parada de autobús o de una estación de metro vacía y poco iluminada.
Para mi amar fue compartir una mirada, fue albergar una esperanza, fue curar una herida, fue encender una luz, fue cerrar una puerta, fue olvidar que existía una salida, fue evitar lo imposible, fue una búsqueda y también fue una isla.
Para mi amar fue tenerte. Para mi amar fue protegerte. Para mi amar fue volar, ser un cóndor, volar sobre ti y sobre todos tus precipicios. Para mi amar fue agarrarte por la cintura, mirarte a los ojos, atraerte junto a mí y desabrochar tu vestido.

Para mi amar fue, en definitiva,  encontrar un mapa, abrirlo sobre la cama de una habitación de hotel y descubrir que albergaba un tesoro oculto en su interior: Tú.

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