lunes, 10 de abril de 2017

10 de abril





Yo creo que un poema también puede ser un lugar de encuentro. Al menos para nosotros lo fue. Recordarás que a menudo nos citábamos en ellos mientras aprendíamos a besarnos y a acariciarnos entre las palabras y las métricas; entre las rimas y las melodías; entre las estrofas y sus metáforas. Algunos  de ellos eran imposibles y los abandonamos pronto. No nos merecíamos perder más el tiempo. En cambio otros nos acompañaron durante muchos años, quizá demasiados. Compartíamos  nuestros versos alejandrinos en bares, fiestas, teatros, locales recuperados o calles húmedas e inusualmente desiertas y era natural que al final de cada velada acabáramos haciendo el amor en cualquier esquina. Ya ves. Los poemas, como la vida fueron un lugar en el que algunas veces nos citábamos. Otras en cambio fueron motivo de duda, un cruce de caminos lleno de conjuros e indiferencia que nos distanciaba. Por ello sé, los dos lo sabemos,  que con la poesía conviene tener cuidado porque un buen poema puede ser un lugar de encuentro y, a veces también, una despedida.

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