jueves, 26 de febrero de 2015

Una muerte imposible





Si no aparece el cuchillo no podremos matarlo. No se dónde está el cuchillo. Era largo y afilado. Tenía un brillo aterrador. Era resistente. Lo suficientemente duro como para penetrar en la carne despacio. Con sigilo.  Con maestría. Lo suficientemente útil para conseguir el objetivo. Matar. Desangrar. Pero ahora el cuchillo no aparece.No me lo puedo creer. Todo estaba listo. La noche anterior preparamos las artesas, los mazos de tripa, las máquinas de picar y las de embutir. Los hombres habíamos pelado patatas y cocido calabaza en calderos.
Todo estaba listo. Los guisos y los adobos con pimentón verato y especias. Todo estaba listo. Al alba, tres hombres han ido a buscar al cerdo. Le traen  caminando. Escoltado. Un hombre va detrás con una vara. Otro camina delante, indicando el camino, acercándole lentamente a la muerte. A la mesa. Otro camina a su lado, a una distancia razonable. Paso a paso. La noche se quiebra con las primeras luces del día. La muerte espera. El cerdo está subido ya en la mesa. Dos hombres le sujetan por las patas. Acaba de amanecer y los primeros rayos de sol aún no calientan. Un tercer hombre le agarra por el rabo. Está inmovilizado. Va a morir y su instinto le hace chillar. ¿Dónde está el cuchillo? El matarife se inquieta. El cerdo chilla. Todo estaba preparado. Pero no aparece el cuchillo. Estaba aquí. Con todo. Yo mismo estuve afilando su hoja la noche anterior. Despacio, con cuidado. Recuerdo que me asustó, como siempre su brillo de muerte. No podemos matar al cerdo si no aparece el cuchillo. Esto no puede estar pasando. La muerte se está burlando de nosotros y el cerdo no deja de chillar. Buscamos el cuchillo. El matarife se impacienta, el cerdo se impacienta, las mujeres se impacientan. Todo está preparado y no aparece el cuchillo. Si no encuentro el cuchillo no podremos matar al cerdo. Habrá que suspenderlo todo. Pero eso será un desastre. Todo está preparado. El cerdo en la mesa, las mujeres trajinando en las maquinas de picar y de embutir. Ha venido gente de otros lugares para matar a un cerdo. Y el cuchillo no aparece. ¿Para qué queremos los calderos? ¿Para qué queremos artesas, tripas, maquinas de embutir y de picar? ¿Para que queremos un cerdo encima de una mesa, inmovilizado por las patas? ¿Para qué  hombres fuertes? ¿Para qué mujeres dispuestas?¿Para qué un matarife que se impacienta?Continuar sujetando al cerdo mientras busco el cuchillo. Pido a los hombres que continúen sujetando al cerdo mientras busco el cuchillo. Que saquen fuerzas para resistir las embestidas del animal. Pero ha empezado a cundir el desánimo y ya hay voces que piden un aplazamiento. Yo no quiero aplazamientos Buscaré el cuchillo. Encontraré el cuchillo Estaba aquí mismo. No se por qué no aparece el cuchillo. El cerdo chilla y las mujeres empiezan a mirarse. No hay cuchillos, nunca ha habido ningún cuchillo, no se por qué se empeña en buscar un cuchillo cuando sabe perfectamente que no hay cuchillos. Tendremos que suspenderlo todo. Sin cuchillo no podemos continuar.Oigo que hablan. Cuchichean. Ahora ya no hablan de aplazar, hablan de suspender. No puede ser estoy seguro de que puse el cuchillo con todas las cosas. Lo puse ahí mismo con las artesas y los calderos, con los baños y las maquinas de picar y de embutir. Estoy seguro. Si no hubiera tenido cuchillo no habría citado a todo el mundo hoy, al amanecer. Se que todo el mundo ha puesto mucho de su parte para venir. Ha habido que madrugar. Ha habido que soportar el frío de la madrugada. Algunos han recorrido varios kilómetros. A pie. Bajo el frío de la madrugada. Los rayos de sol aún no calientan y es probable que no lo hagan en todo el día. Ahora todo se echará a perder. Los guisos, los adobos, las tripas. Lo mejor será suspenderlo todo. Cada uno a su casa. A seguir durmiendo. No deberíamos haber venido. De saber que no tiene cuchillos me habría quedado en la cama. Vaya frío que hace. No, de aquí no se mueve nadie hasta que no aparezca el cuchillo. Era largo y afilado. Yo mismo lo afilé la noche pasada. Tenía un brillo aterrador. Era resistente. Lo suficientemente duro como para penetrar en la carne despacio. Con sigilo.  Con maestría. Lo suficientemente útil para conseguir el objetivo. Matar. Desangrar. De aquí no se mueve nadie hasta que aparezca el cuchillo. Pero los hombres no pueden más. ¿No lo ves? Les faltan las fuerzas y el animal esta empezando a dar dentelladas. Llevan demasiado tiempo sujetando a un animal que se resiste a morir.  Pues de aquí no se mueve nadie. Si es necesario le mataremos a pedradas, lo descuartizaremos con nuestras propias manos, con nuestros propios dientes. Si no puedo matar al cerdo no tendré carne este invierno. Esto no puede estar pasando. Esto no me puede estar pasando a mí. Los hombres se impacientan. Hay mujeres llorando. El cerdo ha dejado de chillar y ahora se burla de mí. El matarife se burla de mí. Uno de los hombres que sujetaban al cerdo ha caído extenuado. No puede ser. Debemos continuar. El cuchillo no aparece y ha cundido ya el desánimo. A estas alturas ya nadie tiene dudas de que no podremos continuar. De que en el mejor de los casos habrá que aplazar, pero que es muy posible que haya que cancelar. No me lo puedo creer. La gente empieza a abandonar, el cerdo corretea por el patio dueño ya de la situación. El matarife maldice la pérdida de tiempo. Algunas mujeres lloran. El cuchillo sigue sin aparecer.

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