miércoles, 16 de enero de 2013

El hombre que amaba a los niños


Domingo 13 de Enero de 2012 (El hombre que amaba a os niños)


No existen cerrojos tan potentes que resistan  la imaginación de quienes los instalan en sus casas. Temen y por eso su miedo se cuela por cualquier rendija. Temen y su miedo nunca deja de atormentarles. Temen, así es. Sobre todo por las noches.


Domingo de lectura y calma. Jonathan Franzen me ha descubierto una novela desconocida para mi. Buceando en internet, con escafandra y pies de plomo, he descubierto que Almudena Grandes también comparte el entusiasmo por la novela y que la edición de Pretextos (creo que es la única que existe en España) lleva el prólogo deFelipe Benítez Reyes. Todo indica que voy en la buena dirección.
La novela en cuestión se titula “El hombre que amaba a los niños” fue  publicada en España, como ya he dicho, por Pretextos y su autora Christina Stead obtuvo segúnFranzen  “ unas críticas mediocres y una cifra de ventas insignificante”. Cuatro años antes de su publicación Stead había llegado a Estados Unidos junto a su compañero sentimental William Blake. Stead había nacido en Australia y en 1928 con penas veinticinco años había huido de su país y de su familia. Ya en Nueva York, Stead se propone escribir una novela para poner en orden las increíbles experiencias vividas en su infancia. Según Franzen, el poeta Randall Jarrel hace una deslumbrante introducción a la reedición de 1965 y llega incluso a relacionar a la autora con Tolstoi.
Escribir sobre un libro que aun no has leído es una osadía o una temeridad, o ambas cosas, pero reconozco que hoy, después de leer el artículo de Franzen titulado “La mejor familia convertida en historia”, no he podido evitar la tentación de compartir su entusiasmo y contagiarme de él.
Parece ser que el libro relata la vida de un patriarca, Sam Pollit (alter-ego del propio padre de la autora) y de su esposa Henny a la que deja embarazada hasta en seis ocasiones. Sam es un padre hiperactivo, controlador, autoritario, cariñoso, egoísta y peligroso,  que engatusa a su progenie con una mezcla de narcisismo y de locura que lleva a Henny a apodarlo “el gran Soy-Yo”, “el Gran Micrófono”, “el Señor Aquí Allá y en Todas Partes”.
“Sam el Audaz” disfruta viendo corretear a los niños desnudos, no se inmuta cuando le cuentan que uno de sus hijos se come sus propios excrementos o se vanagloria de que sus hijos no necesitan ir todos los días a la escuela porque tienen un padre como él. Según avanza la novela se desarrolla la inevitable guerra entre Sam y Henny y el deterioro de su relación con sus hijos.
Sin duda es una magna obra; una monumental novela de más de setecientas páginas considerada una obra maestra para el mundo anglosajón y que finalmente fue publicada en España en 2011 por Pretextos.
Insisto en recordar que estoy hablando de una novela que no he leído, estoy hablando de una recomendación que he recibido de Jonathan Franzen mientras leía uno de los artículos de su libro “Más afuera” publicado por Salamandra. Comparto la recomendación.

@juanjogines

2 comentarios:

  1. Gracias, siempre interesantes tus recomendaciones, no conocía ese libro, tomo nota.

    Besos

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