domingo, 23 de septiembre de 2012

La voz del naufragio


Sábado 22 de septiembre de 2012  ( La voz del naufragio)



Leo un mensaje oculto en  en una botella. Limito el contorno de las palabras que vienen desde lejos. ¿Por qué no le hablaste a una mirada? La pregunta queda suspendida en el aire como una amenaza y sé, porque así lo supe siempre, que nunca llegó la primavera y que el cielo se oscureció en tu sonrisa. Una isla es una palabra de cuatro letras rodeada de silencio.


Sábado por la mañana, despierto tarde. Hacia el amanecer he soñado que una mensaje oculto en una botella llegaba hasta mi orilla. Y no puedo evitar pensar, una vez despierto, en el romanticismo de los antiguos métodos.
He empezado releyendo las notas y los párrafos que tengo subrayados del libro “No me cuentes tu vida” de Luis García Montero que saldrá a la venta en Octubre. En realidad no se trata de un libro sino de una galerada que ni siquiera es una galerada.  Se trata 459 folios encuadernados en gusanillo y que aún necesitan unas últimas correcciones. Me lo pasaron en primicia a finales de Agosto y sinceramente pienso que es un gran libro. Esta es la segunda novela del poeta LGM. Hacia el final de la novela, el narrador nos dedica una reflexión interesante. Dice que dedicarse a escribir supone tomar conciencia de la responsabilidad de contar. El poeta que se pasa un día entero buscando un adjetivo o una palabra precisa, está tomando decisiones sobre la verdad, sobre el mundo que quiere nombrar. Cuenta cómo una mañana aparecieron en las playas de Rota treinta y siete muertos al naufragar la patera en la que soñaban con la libertad. Y dice que no es lo mismo, por ejemplo, decir “con voz fría y despegada que treinta y siete ilegales se han ahogado al intentar la travesía del estrecho, que decir, con un temblor de antiguo miedo al mar y de tragedia humana que treinta y siete náufragos han perdido la vida en una playa española”. Poesía y reivindicación. Buena novela.
A las dos de la tarde fui a casa de mi hermano Guillermo a una de nuestras reuniones familiares. Por fin ha terminado cuadros antiguos y he disfrutado enormemente viéndolos. Él es un pintor lento, básicamente para autoconsumo o para cumplir encargos de amigos. No pinta más de una cuadro al año. Quizá sea cierto eso que dice Antonio López de que los cuadros no se terminan, se quedan para siempre inacabados. Así también los poemas.








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