miércoles, 29 de febrero de 2012

Las espléndidas ciudades



El 13 de diciembre de 1971 Pablo Neruda pronunció en Estocolmo su discurso durante la ceremonia de  entrega del premio Nobel de literatura. Llevaba el título de "Hacia la ciudad espléndida". Todo el discurso es de una belleza inigualable y termina recordando a un poeta, el más atroz de los desamparados: Rimbaud. "Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos a las espléndidas ciudades".
Al igual que Neruda, yo creo en la profecía de Rimbaud. Creo en esa esperanza, en esa valentía del ser humano. Creo firmemente en la ardiente paciencia. Sólo con la ardiente paciencia conquistaremos esas ciudades espléndidas de Rimbaud, esos lugares de paz y libertad que nos merecemos después de tantos y tantos siglos de indignidad y desastres.

4 comentarios:

  1. Yo también creo en otros amaneceres, en otros lugares y confío que llegarán. El gran Neruda y el desamparado Rimbaud.

    Un beso

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    1. Las espléndidas ciudades. Ahora más que nunca hay que conseguir encontrarlas.
      Un beso Ana

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  2. Tienes razón, ahora más que nunca

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  3. ¿Porqué tarda tanto en aclarar de esta tan sofocante oscuridad?
    La paciencia se acaba y la ciudad queda cada vez más lejos. !Es triste!
    Un abrazo.

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