domingo, 4 de diciembre de 2011

Personas que nunca conocí II

Dicen las malas lenguas que el único día de su vida que William Faulkner no se emborrachó fue el día en su hija Alabama murió al poco de nacer. Fabulador como todos los escritores, mentiroso como casi todos, huraño y esquivo como algunos y borde como solo muy pocos saben serlo, William Faulkner vivió recluido en un caserón de Rowan Oak que había comprado en 1930 por seis mil dólares sin luz ni agua corriente. La reconstrucción de esta mansión marcó su evolución literaria y se convirtió en una metáfora de su propia construcción literaria. Trabajó en Hollywood como mercenario para pder costear las reformas y tuvo que soportar estoicamente como Humphrey Bogart de decía con desdén: ¿De verdad quiere usted que diga todo esto?.
Una vez, siendo autor de éxito una revista le ofreció cinco mil dólares para que les escribiera una pequeña reseña de su vida, a lo que el escritor contraofertó la misma cantidad para que no volvieran a molestarle.
Era un tipo raro, muy raro que aseguraba ser hijo de una negra y de un cocodrilo y que entre otros oficios desempeño mal el de librero, pintor de brocha gorda o portero de prostíbulo. Tan raro, que cuando el presidente de los Estados Unidos John Kenedy le invitó a una cena privada con él en la Casa Blanca, el escritor contestó por carta: "Señor presidente: yo no soy más que un granjero y no tengo ropa apropiada para ese evento. Ahora bien, si usted tiene algún interés en cenar conmigo, con mucho gusto le invito a mi casa de Rowan Oak, en Oxford, Misisipi." Aunque sus cercanos dicen que cuando recibió la carta del presidente lo que dijo fue: "Soy demasiado viejo para viajar hasta tan lejos para cenar con un extraño".
Murió de un ataque al corazón en 1962, dos días después de haberse caído de un caballo.

J.J

2 comentarios:

  1. Muy interesante, gracia Juanji

    besitos

    Anuska

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  2. Gracias Anuska, me alegro que te parezca interesante, me apetece investigar sobre aspectos de la vida cotidiana de mis escritores de referencia. Un besazo

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