jueves, 1 de diciembre de 2011

Leí a Marguerite Duras;


leí:
"Voy a tratar de no morir demasiado pronto.
eso es todo,
todo lo que tengo que hacer"
Y descubrí, al leer, que la vida es eso,
tan solo eso;
un poco de eso es lo que pido para ti
y cómo no para mi.
Descubrí también que la vida es un invierno,
un poco de vino derramado en la alfombra
y dos jóvenes asustados
porque el mundo les observa
y les miente.
Una monotonía de luces y de recuerdos,
un no sentir que sientes nada,
una caricia o miles
que son siempre la misma caricia
y más de cien días sin oír tu voz.
Y el tiempo que pasó y el que nos queda,
y el agua que se desliza por tu cuerpo
cuando te duchas.
Tan solo eso.
Nada de lo que yo pueda escribir quedará
ni lo que siento
mas allá de un nuevo día.
Un nuevo día,
y un ladrón de tiempo que te dejó dormida.
Ya deberías haber salido a buscar la ternura,
pero antes, estoy seguro de que me habrás dejado
sobre la mesa
un zumo de naranjas recién exprimidas.
¿Qué más se le puede pedir a la vida?
Por eso el día que me contaron que David Foster Wallace
se había suicidado
y aún no había leído nada de él
pensé en mi vida
y en la tuya,
en toda nuestra vida
y también pensé en Marguerite Durás
y en todo lo que había leído hasta entonces.

Juan J. Ginés



4 comentarios:

  1. Siempre me encantó tu poesía, enhorabuena es un poema estupendo con unas preciosas imágenes.

    Un beso

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  2. No morir demasiado pronto, para seguir amando, para seguir acariciando, para `poder leer todo lo escrito y sobre todo para encontrar juntos la ternura.
    Un bello poema.
    Un abrazo.

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  3. Gracias Ana, muchas gracias por tus palabras. No creo que sea buena mi poesía, pero si a ti tu gusta eso me enorgullece.

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