domingo, 23 de octubre de 2011

Luz infinita, incandescente silencio


Ningún momento es mejor que la noche.
Ni que las puertas que se quedan abiertas.
La alegría al entrar en la habitación
es encontrarte encendida:
pequeña lámpara sencilla y siempre callada
como un eco final donde muere la voz
y se remansa la duda para convertirse
en nuestro vacío.

Luz infinita, incandescente silencio;
apareces por cualquier rincón
sin que nadie te nombre nunca.
Estás porque nunca te fuiste;
porque aún es pronto la noche
y porque se hace tarde para cualquier el olvido.

La almohada nos divide o nos acostumbra
desde siempre.

Es oscura la noche,
se alimenta de ti
y te instruye a cambio de ternura.

Estas cosas nos pasan desde siempre.
Ya lo sabes.
Entre mis palabras y la luna siempre estuvo tu piel
y también tu voz:
niña asustada que se despierta
en mitad de la noche.

Y a pesar de todo, duermo.
Duermes.
Ahí está la distancia.


Juan J. Ginés

2 comentarios:

  1. Es un poema que me encantó en su día, me ha gustado mucho releerlo, que bonita es siempre la palabra ternura.

    Me gustó y me gusta ese "entre mis palabras y la luna siempre estuvo tu piel y también tu voz"

    Un beso es un poema precioso

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  2. Esto son palabras mayores, en el sentido mas literal de la palabra.
    Poema redondo de una gran belleza en sus magnificas imágenes poéticas y en su medida musicalidad.
    Ese día las musas estaban contigo. O ellas, o el definitivo sentimiento de un gran amor.
    Un poema perfecto. Enhorabuena.
    Un abrazo.

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