sábado, 29 de enero de 2011

Las pinturas falsas



          Era un pintor de éxito. Sus obras se cotizaban en las mejores galerías de arte de Paris, Nueva York o Londres. Pero a él lo que realmente le gustaba era falsificarse a si mismo. Su biógrafo W H. Spiter, atribuye tal desorden a un incidente ocurrido en su infancia aunque no llega a explicarlo convenientemente. El caso es que sus falsificaciones eran tan buenas que nadie supo jamás distinguir entre el original y la copia. Esto produjo a una desorientación primero y un caos después entre sus compradores, ignorantes de si sus adquisiciones eran originales o buenas falsificaciones realizadas por el propio autor. Una tarde, mientras falsificaba un paisaje en su estudio de Nueva York, fue detenido. El proceso fue largo y complicado. Spiter recuerda cómo la sentencia conmociono a la comunidad artística. Fue condenado a tres años de prisión durante los cuales continuaron proliferando las pinturas falsas 

Juan J. Ginés

2 comentarios:

  1. Me ha recordado a uno de los personajes de Brooklyn Follies

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    Un beso

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  2. Debía ser un espléndido falsificador para poder falsificarse a sí mismo...

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