martes, 6 de abril de 2010

Un día soleado

     Para los que fotografiamos nubes es una gran ventaja el hecho de poder contar siempre con modelos abundantes y gratuitos. Basta con salir a la calle, mirar al cielo y ponerse a trabajar. En mi caso utilizo dos cámaras réflex y una compacta. Las réflex son una Canon Eos 5 D y una Olympus E-30. Yo prefiero la Olympus, aunque me resulta mucho más manejable la Canon. La Compacta es una Samsung que siempre llevo conmigo porque nunca sabes donde te espera una modelo.
     Quiero decir también, que para nosotros los días soleados y totalmente despejados son absolutamente terribles. Siempre miramos al cielo nada más despertar para comprobar el día que nos espera. Nada hay peor para nosotros que un día soleado. Mirar al cielo y comprobar que no hay nubes, que la predicción más pesimista se ha cumplido,es lo peor que nos puede pasar. Un día sin nubes es un día perdido. Horas y horas malgastadas, improductiva. Tememos la palabra anticiclón como a un "nublao". Aparente la paradoja.
     La ausencia del objeto no puede convertirse en ningún caso en nuevo tema. Y aunque lo hemos intentado, no ha resultado. Hay constancia de autores como Klaus Doffman que intentaron captar la ausencia de nubes como un tema en sí mismo, como un tema más para los fotógrafos de de nubes. No resultó. Doffman y sus seguidores no fueron capaces, por más que lo intentaron, de retratar más que un día soleado o una tarde preciosa. Durante años estuvieron buscando las nubes en la ausencia. Buscaron nubes en días soleados para retratar esa ausencia. No fueron capaces. Al cabo del tiempo tuvieron que abandonar. Desistir victimas de la más cruel de las derrotas. “La ausencia es la esencia de otra cosa distinta, pero no lo será jamás de nuestra tarea”, concluyó entonces Doffman.
     En verano, los días suelen estar siempre despejados y entonces no tenemos más remedio que movernos para buscar algún lugar donde haya nubes, o donde se esté organizando una tormenta. Siempre sentimos un enorme placer cuando vamos al encuentro de las nubes. A veces recorremos miles de kilómetros con ese único objetivo.
     Pero hay otro tipo de día tan temible para nosotros como un día soleado. Se trata de los días en los que el cielo aparece totalmente cubierto de nubes. Nubes por todos los lados. Todo el cielo es entonces una única nube. Supongo que sabéis a lo que me refiero Si bien es cierto que se pueden apreciar generalmente tonalidades distintas, zonas más cargadas de agua que otras, la verdad es que no hay forma de vislumbrar una forma, un contorno, un cuerpo. No hay forma de acariciar nada. Esos días son especialmente estresantes. Debemos estar muy pendientes porque en cualquier momento se puede abrir un claro. Entonces quizá una luz dará origen a una forma y la forma se perfilará, se aislará. Se creará una nube como un milagro. Rápidamente hay que actuar. Fotografiar antes de que vuelva a morir engullida por la tormenta. Nube que muere. Fusión que mata.
     Fotografiar nubes puede ser un trabajo muy complicado. Pero sin duda lo prefiero a mi anterior trabajo. Antes fotografiaba muertos. El mundo de los muertos, como todo el mundo sabe, es muchísimo más estático y puedes dedicar más tiempo a la composición. Mientras tú tengas tiempo, el muerto generalmente tiene pocas cosas que hacer. Pero recuerdo que solía tener muchos problemas con los permisos. Las licencias. Las conformidades. Las autorizaciones de la familia etc. Y encima el trabajo estaba mal pagado y peor aceptado por la sociedad. Fotografiar nubes en cambio da mucho prestigio social. Nada que ver. Cuando renuevas el carné de conducir, o cuando solicitas un préstamo hipotecario y te preguntan por la profesión, todo el mundo te mira con envidia cuando les dices: soy fotógrafo de nubes. Yo también, no puedo evitarlo, me siento orgulloso al nombrar mi profesión. Nada que ver a cuando fotografiaba muertos. Recuerdo que siempre tenía que disfrazar en eufemismos a lo que me dedicaba. “Soy fotógrafo de cuerpos inermes” o bien “Me dedico a captar las ausencias vitales”. En cualquier caso siempre daban lugar a malentendidos y siempre acababa explicando en cristiano a lo que me dedicaba. “Fotografío muertos”. Fotografiar muertos está peor visto incluso que enterrarlos. La gente acepta el trabajo de enterrador como algo necesario. Incluso se apiada de él. “Soy sepulturero” Tiene dignidad y la gente les respeta. Pero nadie respeta a un fotógrafo de muertos. Por lo menos a mí no me respetaban.
     Pero ahora es distinto. Nada que ver. Estoy encantado de ser fotógrafo de nubes. Parece que no, pero somos muchos los que nos dedicamos a fotografiar nubes. Incluso tenemos un sindicato. Dicen mis compañeros que el día en que se fundó el sindicato de fotógrafos de nubes fue un día muy especial. Un día que quedó marcado en todos, y no solamente en los fotógrafos de nubes aunque por otros motivos.. Fue uno de esos días luminosos y con algo de viento. Ni mucho ni poco. Lo suficiente. El viento es muy importante para los que nos dedicamos a fotografiar nubes. El viento influye en las formas, en los contornos, en las creaciones. Tiene que hacer un viento justo. Ni mucho ni poco. Un viento justo, apropiado. Un viento necesario. De ese modo cobrarán vida, no detendrán su movimiento. El aire sostiene esos racimos de gotitas de agua. Como esperanzas de vida.
     Como decía el día de la creación del sindicato, el viento era el idóneo, y el cielo comenzó a dibujar sus nubes. Todo parecía augurar que se trataría un día de Marzo soleado. Pero en seguida se truncó. Las noticias decían que un tren había explotado en Santa Eugenia. Había decenas de muertos. Otra explosión parecía segar la vida en Vallecas. Yo por aquel entonces fotografiaba la actualidad. Trabajaba para un periódico nacional y me tocó cubrir la tercera de la explosiones. Atocha.
     Nuestras nubes preferidas suelen ser los cirros. Son mucho más fotogénicas que cualquier otra nube: blancas y filamentosas como túneles paralelos. Aunque también hay gente que prefiere los estratos, por aquello de que pueden reflejar mucho mejor que cualquier otra nube la tristeza y la desesperación. Los principiantes suelen dejarse seducir fácilmente por los cirrocúmulos, por aquello de que parecen borreguitos caminando por el aire.
     Se puede decir que mi vida ha cambiado por completo desde que fotografío nubes. Soy otro e incluso creo que soy mejor persona que antes. Más amable. Más comprensivo. Más tranquilo. Hoy hace un día soleado, con nubes altas y medias pero no amenazan lluvia. 

 
Juan J. Ginés

3 comentarios:

  1. Mi querido fotógrafo de nubes, es un relato espléndido, no hay nada más bello que fotografiar nubes, allí se esconden los sueños. Precioso ese recuerdo de un día de Marzo de nubes oscuras.

    Un beso y felicidades, siempre he pensado que eres único cuando te lo propones en todo

    Anuska

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  2. Original, dulce y hasta con sindicato.
    Jodida la realidad cuando se presenta entera en una sola gran nube.

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  3. Encantada de conocer a un fotografo de nubes. He conocido artistas de flores, de rostros caricaturescos, de paisajes demenciados, de niños recién nacidos, pero ahora sé que existen los fotógrafos de cirros, estratos, cirrocúmulos y otras que no están especificadas.
    Un abrazo.

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