lunes, 26 de abril de 2010

Si al amanecer no pudieras sostener su mirada

          La noche es un silencio impronunciable. Un recorrido necesario e inevitable. Una oscuridad. Un penar al que no se puede renunciar. Ellos duermen. Un matrimonio. Una cama de matrimonio con sus mesillas de noche. En ambas mesillas hay una lámpara. También duermen las lámparas. Ella en el lado derecho. Él en el izquierdo. Como siempre. Llevan mas de veinticinco años casados y siempre durmieron igual. Hay una débil luz que entra por las rendijas de una persiana a medio cerrar. Silencio. La noche es silencio. La noche es el miedo. Ella tiene un terror incomprensible a la noche. Desde niña. Su padre siempre dejaba una luz encendida. Un faro que la ilumina en la oscuridad. Pero ahora es mucho mayor su miedo. Porque ahora teme. Él no necesita pastillas para dormir. Él necesita pastillas para estar despierto, para soportar la vida. El teme el día. La luz. También teme las emboscadas. Los secuestros. Las bombas. Él teme unos ojos con los que sueña. Teme un disparo Ahora duermen. Pero en breve sonará un teléfono. Un teléfono que suena en mitad de la noche sólo puede traer malas noticias. Un teléfono sonando en mitad de la noche. Una llamada que no se espera. O la llamada más esperada. La más temida. Ella duerme cuando suena un teléfono. Él también. Ella no despierta. Demasiadas pastillas para dormir. Para poder dormir. Su sueño es demasiado profundo. En cambio el de él es ligero como un suspiro. Ojos que se abren. La realidad rompe el silencio de la noche y pronuncia su amenaza. Una llamada que no se espera. Una voz que en la noche reproduce una sentencia. No pudieron evitarlo. Se les vino encima. Era una curva. Los carros de combate también son vulnerables. Le ahorran los detalles. Mañana recibirá otra llamada del ministerio, o del gobierno. No saben. Pero recibirá otra llamada que le confirmará que su hijo ha muerto. Como un héroe. Le informarán de los trámites. Es un orgullo. Dejó la vida en un país lejano. En una guerra lejana. Mañana recibirá otra llamada. Todo será sencillo. No tendrán que preocuparse de nada. El gobierno se ocupa de todo. Esa llamada será más amable. Será más esperada. La de ahora, la llamada en mitad de la noche es la temida. La llamada inevitable. La llamada por la que ella toma pastillas para dormir. Para poder dormir. La llamada por la que él no puede vivir como cualquier otro padre. Porque él tiene un hijo en una guerra. El honor. La patria. Los demás. La libertad. El respeto. La misión de paz. Cuelga el teléfono. No puede llorar. No puede asumir que ha recibido la llamada en mitad de la noche. Cierra los ojos. Si consiguiera volver a dormir quizá olvidaría que ha recibido una llamada en mitad de la noche. Pero no lo consigue. La muerte de su hijo no desaparece. No desaparecerá nunca. La guerra no desaparece. El carro de combate avanza en un comboy. La mañana es luminosa. Las precauciones son las establecidas. La misión es de paz. Nunca ha pasado nada. Pero no existen misiones de paz en una guerra. Todas las misiones en una guerra son misiones de guerra. El hombre caza. El hombre siempre busca la muerte del hombre. El hombre caza al hombre. Una curva. Unas rocas. El enemigo agazapado. No pudieron evitarlo. Se les vino encima. Un carro de combate es un carro vulnerable. La explosión es tremenda. Divide la expedición en dos. Los muertos y los supervivientes. Los muertos regresarán a sus casas. Con sus familias. Los supervivientes tambien.Jamás olvidarán lo sucedido. Regresará la muerte a sus alcobas todas las noches a hurgar entre sus sábanas. Compañeros muertos. Algunos mutilados. Sangre. Dolor. Desesperación. Impotencia. Pronto los supervivientes tampoco podrán dormir sin la ayuda de pastillas para dormir. Para poder dormir. Pero él quiere dormir. Evitar pensar. A su lado su mujer duerme ajena. Aun es ajena. Las pastillas. Los ojos de él permanecen abiertos. Sabe que tiene que despertarla. Decirle que su hijo ha muerto. Que ella no lo ha oído pero que sonó el teléfono. Un teléfono que suena en mitad de la noche sólo puede traer malas noticias. Ella llorará. Gritará. Se desesperará. Se agarrará a alguna esperanza remota. Quizá se hayan equivocado. Dirá que hay que esperar. Esperar a mañana. Sólo cuando nos llame el gobierno tendremos la certeza y ni siquiera entonces. Mientras tanto tendrá esperanza. Quizá no murió. Se aferrará a esa esperanza. Quizá equivocaron el nombre. Esas cosas pasan Quizá tan sólo esté herido. Quizá solo esté mutilado. horriblemente mutilado. Pero dará igual si al final resulta que está vivo. Ella le cuidará. Dedicará toda su vida a cuidarle. A limpiar sus heridas. Pero él sabe que no. Él sabe que su hijo ha muerto. No hay duda. No sabe cómo se lo va a contar a su mujer. Ahora mismo eso es lo que mas dolor le produce. No el pasado. No el hijo muerto. Le aterra el futuro. Le aterra contarle a su mujer que su hijo ha muerto. ¿Cómo se le cuenta a una madre que su hijo ha muerto? Piensa en la forma de hacerlo. Quizá le diga que por la noche, mientras ella dormía sonó el teléfono. No sea necesario nada más. Ella sabrá lo que él le quiere decir. Piensa en despertarla en ese momento. Pero no lo hace. Prefiere no hacerlo. Prefiere dejarla descansar. Él cierra los ojos. Desearía poder dormir. Desearía no sentir el cuerpo de ella a su lado. Cada respiración de ella le recuerda que está a su lado. Que duerme a su lado. Que ignora que ha habido una llamada en mitad de la noche. Que la llamada era para comunicar que su hijo ha muerto. Que nada se pudo hacer por él. Que un carro de combate es también vulnerable. Cada respiración le dice que mañana tendrá que contarle todo. Él está inmóvil. Ella duerme a su lado. Ingenua al dolor insoportable que sentirá en breve. Ahora la noche ha recuperado su silencio homicida. El tiempo se dilata como una condena. Pronto amanecerá. Pronto tendrá que afrontar la dura tarea de contarle a su mujer que su hijo ha muerto. Que ya no tienen hijo que cuidar. Que ya no tienen hijo al que esperar.


Juan J. Ginés

3 comentarios:

  1. El relato me ha gustado, sabes que me gusta como escribes, aunque he de decirte que me ha parecido angustioso, muy angustioso.
    Besos

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  2. Gracias Anuska, eso pretendia el relato trasladar la angustia al lector. Si lo he conseguido me doy por satisfecho. Un beso
    Juanjo

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  3. Ufff. Claro que se transmite.
    De un modo increíble.
    Pensé en Irak, pensé en Malvinas, pensé en cualquier guerra.

    Tenés la sensibilidad de poder ponerte en el lugar de cualquier otro a la hora de plantear los personajes. Mujer, hombre, padre, madre. Muy copado.

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