miércoles, 31 de marzo de 2010

Todos dirán que eres una zorra


Hay un olor extraño en la cocina. He pasado toda la noche pensando en mi padre. Siempre estuvo a mi lado cuando le necesité. Pero ahora ya no está. Me siento sola. Muda. Nunca sabrá lo que necesito ahora su cariño. Nunca sabrá nada porque está muerto. Mi padre es un incómodo muerto que me mira. Le echo de menos. ¿Donde está?

Cuando cumplí nueve años me hizo un castillo de arena en la playa. Ese fue su regalo. Después vino la fiesta sorpresa que me preparó. El cielo es un recuerdo que me atormenta. La vida se esconde en cada segundo que compartimos. Nada ha vuelto a ser lo mismo desde que ha muerto. La marea sube y destruye nuestras ilusiones. Como si fueran castillos de arena. Una niña de nueve años no puede comprender este dolor. El silencio se diluye y los espacios se abren. Él está muerto. No queda nada de él.

-Después de su muerte callaron los pájaros del jardín. Nada ha vuelto a ser igual, ni tu ni yo. Ninguno de nosotros.

- Jamás me acostumbraré a no volver a oir su voz.

La vida se abre camino con una navaja múltiple. El olor de la cocina es porque se  ha quemado la comida que estaba calentando. Nunca hago nada bien desde que no está. No puedo concentrarme en nada. He vuelto a tropezarme con el vagabundo que duerme todas las noches en el portal de casa. Vivir es duro para todos, me dice. Recuerdo a mi padre abrazándome con fuerza . Recuerdo mis lágrimas de niña de nueve años esparciéndose por su pecho desnudo. Recuerdo mi vida feliz de niña de nueve años esperando un futuro. ¿Qué queda ahora?, ¿Qué puedo hacer yo ahora? El patio está cada vez más descuidado. Tampoco soporta su ausencia. Como yo. Se deteriora día a día. Como yo. Como mis ilusiones. Ya no soy joven. Su muerte ha puesto un punto final a mi juventud. Ya no se que es ser joven. Nunca volveré a ser joven.

La fiesta de cumpleaños fue preciosa. El patio estaba decorado para la ocasión. Mi padre se había esmerado para que todo saliera bien.Pero no salió bien. Todos los invitados lo estaban pasando estupéndamente hasta que apareció ella. Mi madre. Estaba borracha y medio desnuda. Nadie sabe de donde venía. Como casi siempre. Nadie sabe qué hacía. Iba y venía a su antojo. Es capaz de romper una vida en un segundo. Es capaz de romper vidas sin importarle lo más mínimo. Una niña de nueve años es una vida que se rompe en un segundo. Mi padre tuvo que dar por finalizada la fiesta. Un padre es una vida que se rompe en un segundo. Tengo nueve años y no quiero separarme de mi padre. Tomo su mano con fuerza y cierro los ojos. Mis oidos tampoco me responden. Mi padre es inmortal. Mi padre es inmortal. Gracias a eso sigo con vida. Puedo seguir viviendo siempre que mi padre este conmigo.

Supongo que el reloj avanza. Supongo que nada puede detenerlo. Su muerte no es más que una muerte entre miles de muertes. Él no es más que un muerto más, similar a un millón de muertos. Y yo no soy más que una mujer que sufre. Una mujer que sufre como de otras. ¿Quién oirá mi lamento? No entiendo nada. Me asomo a un abismo. No se nada sobre mi vida. No queda nada de mi vida. No se nada sobre el futuro sin él. Tengo miedo. Tengo miedo y no puedo llorar. Las lágrimas son un recurso que no poseo. Mi padre sí que sabía llorar.

-No puedo olvidar a mi padre, no puedo continuar. No se hacerlo sin él.

-Necesitas tiempo, es solo eso. Necesitas tiempo y silencio. La vida siempre debe continuar.

Recuerdo a mi padre llorar, recuerdo a mi padre gritar de desesperación, de soledad de rabia, de impotencia. Ella nunca quiso a mi padre aunque él siempre la trató como a un tesoro. Él la amaba con toda su fuerza. Ella fue su vida. Y también su muerte. Una muerte diaria es una muerte distinta. Una muerte que no se manifiesta más que al final. Mi padre ya estaba muerto cuando murió.

-Haz el favor de ir a tu cuarto. Piensa en la niña. Todos dirán que eres una zorra.

Pero yo no quiero continuar. Yo no quiero que piense en mi. Yo no quiero que nadie piense en mi. Yo no quiero continuar sin él. Ya no puedo continuar. Me duele hablar de él en tercera persona. Como si no estuviera. Como si hubiera muerto. No volveré a hablar de él en tercera persona. Me duele su ausencia. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué quiero hacer? El silencio es la única arma que me queda. La muerte es un susurro y la vida un lamento.

-No puedo olvidarte, no puedo continuar. No se hacerlo sin ti.





Juan J. Ginés

2 comentarios:

  1. Estupendo relato, doloroso en el fondo y el la desesperación de la forma, desgracidamente hay muchas personas que están muertas antes de morir porque la vida duele tanto que se deja de vivir, aunque se sobreviva.

    Me ha gustado mucho

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