domingo, 7 de marzo de 2010

En el hotel Tequendama


Adoro los relatos en los que nunca sucede nada. También podría invertir la frase y decir que odio los relatos en los que siempre ocurren cosas. Excusas para escritores. Necesitan que pasen cosas que justifiquen su pericia de contadores de historias. Pero yo no soy así. Ni como lector ni como escritor me interesa lo más mínimo que sucedan cosas .  Yo soy más de ver la vida pasar. Me hospedo desde hace tres días en el hotel Tequendama de Bogotá. He venido a esta ciudad invitado por una asociación de escritores americanos, que no tenia noticia de su existencia, para dar una conferencia sobre la necesidad de crear un nuevo orden narrativo que ponga fin al reinado de la novela negra y criminal. Curioso. En Bogotá se cometen al año cientos de secuestros y de asesinatos que difícilmente son esclarecidos. Se diría que es un lugar propicio para ese tipo de novelas. Pero ellos se plantan nuevos horizontes. No se por qué cuentan conmigo para algo así. Jamás he escrito novelas. Jamás las escribiré. No me interesan las novelas que tratan de cosas. Y las novelas que no tratan de nada no les interesa a nadie. Yo me siento más cómodo con los relatos. Por supuesto relatos en los que nunca ocurre nada. Mis relatos no gustan a nadie. Curiosamente esta asociación ha pensado en mi para la demolición controlada de este tipo de novelas. Novelas plagadas de secuestros y de asesinatos cometidos por despecho, dinero o venganza.El hotel Tequendama está situado muy cerca de la zona más comercial de Bogotá, a pocos pasos del famoso barrio de la Candelaria. Acabo de regresar de pasear por sus calles con una muchacha muy joven que he conocido aquí. Me ha costado convencer al encargado de la seguridad de que la dejara entrar en mi habitación. Ella está  ahora dormida en mi cama. Desnuda. Su cuerpo es frágil y transparente como un cristal. Sus labios son tan dulces como una caricia.  Cuando regrese a Barcelona escribiré un poema sobre ella. Diré que su cuerpo es frágil y transparente como un cristal y que sus labios son dulces como una caricia. La he conocido hace unas horas y ya quiere presentarme a sus padres y a sus hermanos.  Parece ser que vive en un barrio pobre de Bogotá. Con su trabajo tiene que alimentarlos a todos. No se que es lo que la voy a decir cuando despierte, pero quiero que se vaya.La altitud me está matando. No soy capaz de conciliar el sueño. No soy capaz de conciliar ningún pensamiento La muchacha sigue dormida. Ni siquiera se cómo se llama. Creo que me lo ha dicho pero no lo he memorizado. Tal vez se llame Roma. O quizá sea allí donde desea ir de luna de miel cuando se case. No lo se ni me importa. El corazón parece que se me va a salir del pecho y no puedo dormir. Enciendo un cigarro y pienso en la conferencia que mañana tengo que pronunciar. No tengo nada preparado pero creo que no lo  necesito. Empezaré diciendo que adoro los relatos en los que nunca sucede nada. Continuaré diciendo, por ejemplo que también podría invertir la frase y decir que odio los relatos en los que siempre ocurren cosas. Diré algo más y luego me iré. No creo que me vuelvan a invitar ninguna vez más. Me da lo mismo. No me interesa dinamitar nada. Ahora mismo lo único que quiero es encontrar la forma de que esta muchacha se vista y se vaya.

Juan J. Ginés

6 comentarios:

  1. Has conseguido transmitirme la laxitud del tiempo cuando uno contempla la vida y el contraste angustioso de una presencia que invade tu íntimo espacio. Muy bueno.

    Un abrazo.

    Ps. si me permites una objeción; se hace muy complicada la lectura con letra gris y fondo negro.

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  2. Este es un relato de esos en los que no sucede nada, puesto que lo que sucede es en contra de lo que está sucediendo. me encantó leerlo despacito y lo hice en varias ocasiones. a mí me pasó lo mismo que a Paloma, se hace difícil para los ojos el fondo negro y el texto gris. un saludo

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  3. Gracias Paloma. Ya he cambiado el color de la letra. Me ha gustado tu comentario. Un abrazo

    JJ

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  4. Luis, muchas gracias por tu visita y por tu comentario. Ya he cambiado el color de la letra. Lo habia puesto gris por error. Un saludo


    JJ

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  5. Me ha encantado, buen relato, se palpa realmente a mi forma de ver el agobio del personaje, su personalidad sin pretensiones, por otra parte la necesidad de terminar con algo que quizás ha comenzado sin querer.

    Veo que sigues decidido a continuar con el relato, un beso

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  6. Gracias Ana, ya sabes que a mi me gusta tocar varios palos. Poesía, cuentos y microrrelatos.. Un beso y muchas gracias por estar siempre

    JuanJo

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