martes, 9 de febrero de 2010

Un hombre camina solo

Un hombre camina solo. Llueve. Soledad, tristeza, angustia, miedo, desamparo, melancolía, ansiedad, desconsuelo, aflicción, desesperación, tormento. Camina despacio hacia el puente de Blakfriars en Londres. El recuerdo de su piel es lo único que conserva de ella. La humedad de su sexo. La humedad de la calle. La humedad de sus ojos. La ternura de sus palabras. La desesperación de su inteligencia. El sonido de sus lamentos. Su soledad, su tristeza, su angustia, su miedo, su desamparo, su tormento. Eso es lo que perdura en su recuerdo. Siempre camina solo enfundado en un abrigo gris y descosido. Así su vida desde que ella no está. Gris, descosida y húmeda. Sabe perfectamente el tiempo que le queda hasta llegar al puente. Todos los días desde que llora su ausencia recorre el mismo camino. Todos los días abraza esa monotonía. Todos los días la abraza. Sabe que cuando llegue al puente de Blakfriars le inundarán, como siempre, los mismos deseos de arrojarse al río. Como ella. Sigue lloviendo. Una mujer se cruza con él todos los días en el puente de Blakfriars. Todos los días desde ese Marzo asesino. Nunca repara en ella. Nunca repara en él. Lloran. Todos los días lloran en esta ciudad húmeda y misteriosa. Todos los días mueren sobre el puente de Blakfriars en Londres sin saberlo. Todos los días sus vidas se cruzan sobre el puente que les mata, que les une. No se conocen, no se conocerán jamás. No desean conocerse. Sus vidas son dos lamentos paralelos a pesar de que sus cuerpos se cruzan todos los días sobre el puente de Blakfriars en Londres.


Juan J. Ginés

2 comentarios:

  1. Muy buen relato, pero que doloroso, él tambien está muerto.

    Un beso

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  2. Los encuentros y desencuentros de la vida. Un poco reales y un mucho imposibles.. Muy bueno.

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