sábado, 27 de febrero de 2010

Tengo un perro sordo y una madre que acumula basura en su apartamento


Tengo un perro sordo y una madre que acumula basura en su apartamento. Mi perro hace tiempo que no escucha mis llamadas cuando le saco a pasear por el descampado lleno de escombros y de mierda que hay en frente de mi casa. Y encima se esta volviendo violento. La semana pasada atacó a una vieja que era conocida en el barrio por dar de comer a los gatos y a las palomas. Estaba tranquilamente preparando unos platitos con restos de su cena y unas migas de pan cuando Truman se tiró directamente a su cabeza. Tardé varias horas en recuperarla. “¡Suelta Truman!, suelta de una vez la cabeza de esta señora que al final se van a enfadar los gatos.” Pero Truman ni puto caso, él a lo suyo. Al final no tuve mas remedio que meter los restos de la vieja en una bolsa de Carrefour y llevárselos a mi madre, porque de lo contrario las palomas se la habrían comido. ¡Que voraces son las palomitas de los cojones! Ella es feliz con todo lo que yo le regalo. “Qué bonito hijo lo que me traes hoy, déjalo encima de la cómoda, al lado de los huesos de tu padre. Por cierto hijo, ¿vienes mañana a comer?"
Hoy me he levantado tarde y empalmado. Hace cinco días que no me afeito ni me ducho y mi aspecto empieza a ser desolador. He decidido sacrificar a Truman pero no encuentro la pistola por ningún lado y a él no puedo preguntarle porque está sordo y porque sospecharía que quiero matarle. Me aburro en casa. Decido llamar a mi madre por teléfono para ver que tal ha pasado la noche la vieja de los gatos. No lo coge. Siempre igual. Seguro que no lo encuentra entre tanta basura. Al final lo encuentra dentro del horno, al lado de las revistas porno que usa para encender la caldera. Menos mal que sólo come hamburguesas del Mc Donals y no cocina jamás en casa. “Ni se ha movido”. “La cabeza tampoco”. “Hijo yo creo que está muerta”. “Llevo hablándole toda la mañana y ni siquiera ha querido desayunar” Le digo que no puede ser, que seguro que esta dormida y que la esconda en el armario empotrado de la entrada por si viene la policía. “No hijo, ahí no, que está lleno de botes vacíos de tomate frito Orlando”. Le digo que tire los botes de tomate frito Orlando y que meta a la vieja de una vez. La chillo y ella me chilla, no quiere oír ni hablar de tirar nada. Voy a tener que sacrificarla a ella también, pero sigo sin encontrar la puta pistola.
He decidido ir a la manifestación en contra del aborto. He pensado llevarme a Tuman, pero al final le he dejado en casa por temor a que la emprenda con todos esos fachas de mierda. Truman era un pacífico comunista pero desde que está sordo creo que sus ideas políticas se han radicalizado y las de mi madre también. Le he dejado la comida preparada en su platito y la televisión encendida porque pienso llegar tarde. A Truman le encanta ver la tele. No oye nada, pero babea cuando sale Belén Esteban. Creo que está enamorado de ella. Espero que hoy no pongan su programa o dejará la casa perdida de semen. Voy a la manifestación pero por el camino me pego una hostia porque me piso los cordones de los zapatos. Me hago una brecha en la frente del copón y creo que pierdo el conocimiento por unos instantes. Nadie se acerca a socorrerme. Una familia entera pasa por mi lado: papi, mami, tres niños igual vestidos y una niña con tirabuzones. “Mira papi un puto pobre, ¿le damos una limosna o una paliza?”. “Déjalo Jimena, ahora no podemos hacernos planteamientos tan profundos que llegamos tarde a la mani.” 
Llego por fin a la manifestación y me camuflo entre los dos millones largo de manifestantes según los organizadores y los treinta y siete a lo sumo según la policía. Todos gritan, chillan. Me acuerdo de mi madre. Si tuviera teléfono móvil la llamaría para que se uniera a los manifestantes, pero hace unos meses que Orange me dio de baja por falta de pago. Seguro que pasaría por uno de ellos. Mi madre gana mucho cuando se arregla aunque nunca lo hace. Solo piensa en sus hamburguesas y su tomate frito Orlando. Veo a lo lejos a la niña de los tirabuzones. Ha desplegado una pancarta junto con sus hermanitos. Como me he dejado las gafas de ver en casa me pongo las de sol. La pancarta dice: “Zapatero nos quiere matar”. Yo también. Pienso en mi pistola y en Truman que se estará haciendo una paja soñando con Belén Esteban. Si tuviera mi pistola de cañones recortados hoy saldría en el telediario.
Regreso a casa. Efectivamente Belén Esteban ha estado aquí. Truman ha orinado por toda la casa y se ha restregado por todos los rincones. Sigo sin encontrar la pistola. Voy al baño. Lleno la bañera y mientras llamo a mi madre. Coge el teléfono a la primera un policía local. Le pregunto que cómo ha encontrado el teléfono tan rápido y él me contesta que para los teléfonos no, pero que tiene un instinto especial para encontrar revistas porno. “Claro como tengo un hijo adolescente…” Dice que mi madre esta declarando en comisaría acusada de acaparar basura. Yo intento defenderla. “Señor policía local, mi madre es Marxista y está en contra del impuesto de las basuras de Gallardón y ha decidido quedarse con toda la basura en casa. Es una sentimental. ¿Es delito eso? “. El policía dice que eso no pero que hay varios cadáveres en el armario de la entrada. “¿Quién es ese Gallardón?”. Por dios ¡Qué mal están los policías locales de cultura general! Yo le digo que no son cadáveres, que mire bien y deje las revistas porno en su sitio, que son botes de tomate frito Orlando pero él dice que tengo que ir a declarar. Le digo que tengo un perro sordo al que no puedo dejar solo en casa y al que pienso matar en cuanto encuentre mi pistola. “No me ponga excusas que le aplico el reglamento”.
Cuelgo el teléfono. La bañera está rebosando. Busco por última vez la pistola. No la encuentro. Esta situación empieza a superarme. Cambio de opinión. Cambiar de opinión no es de sabios es de gilipollas. Ya no quiero matar a Truman. ¡Que le den por el culo” ¡Que se mate a pajas con Belén Esteban! Yo soy más de la Campanario. Ahora he decidido matarme a mi mismo. ¿Veis como es de gilipollas cambiar de opinión? Abortaré la misión que me trajo hasta aquí. Busco una cuchilla de afeitar para cortarme las venas. No encuentro ninguna. ¡ Joder, no me lo puedo creer! Ni pistola ni cuchilla de afeitar. Comprendo ahora el motivo por el que no me afeito desde hace días. Me da igual. Me quito toda la ropa menos el braguero. Nunca me quito el braguero. Cojo un abrelatas de la cocina, me meto en la bañera y dejo de escribir.


Juan J. Ginés

3 comentarios:

  1. Me encanta. El texto goza de una gran fluidez del lenguaje. La mezcla que entre realidad y ficción alcanzas es importante: el juego de lo real y de lo que supera a la realidad está reflejado fielmente, como en un espejo cóncavo.

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  2. Un beso, noto algunos cambios desde la última vez

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  3. Querido amigo, esto es increible. Como juegas con lo real y lo inventado. Tu cambio es notable apreciable y con él has logrado hacer de este sitio un lugar de referencia.

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