jueves, 23 de noviembre de 2017

Cualquier sospecha es una afirmación

Cualquier sospecha es una afirmación. Ya sea grande o pequeña, incómoda o amable, necesaria o intrascendente, cualquier sospecha es una afirmación. Comienza como nacen los monstruos y se establece dentro del alma de las personas atormentadas tal y como lo hace el miedo: normalmente en silencio y a oscuras. Conforme el tiempo avanza, la sospecha se hace más fuerte y crece como galopan los caballos. A menudo es habitual que se descontrole y ha habido casos en los que el sujeto pierde definitivamente el control de la situación. Es entonces cuando empiezan a ver fantasmas y a escuchar sonidos. Las cosas cambian de lugar sin motivo aparente y las noches ya no sirven para dormir. Cualquier sospecha es una afirmación. Una cruel afirmación.  Y la afirmación más cruel  es a veces también, la más pequeña.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Te escribo esta carta para decirte que...



La soledad  comienza cuando tú te has ido. Una ciudad extraña es una ciudad vacía sin ti. Desde que te fuiste la recorro solo, a ratos acompañado a penas por el recuerdo de nuestros días felices, aquellos días en los que compartimos besos, risas, caricias, confidencias y alguna botella de cava de esa marca que tanto te gusta. Solos tú y yo. Tú, yo y nuestros abismos. 
La soledad comienza, como te digo, cuanto tú ya te has marchado. Nada de lo que veo o de lo que siento ahora se asemeja a lo que veo o siento cuando tú estás conmigo. La silueta de una catedral, el borde de un río o un simple camino tortuoso de tierra que conduce a un campo de olivos no parecen ser lo mismo si tú no estás conmigo. 
La soledad comienza, ya te habrás dado cuenta, porque tú no estás, porque te has llevado la alegría de tus ojos, la paz de tu silencio, el calor de tus labios y el ardor de tu cuerpo acostumbrado ya al mío. La soledad es inmensa, más inmensa aún desde que no te veo. 
Te escribo esta carta para recordarte también que hoy luce el sol, que el otoño parece haber olvidado su cometido y  que han vuelto a llorar las estatuas del jardín justo en el instante en el que tú te has ido. 

miércoles, 27 de septiembre de 2017

me gustaria poderte contar...



Me gustaría poderte contar...
que ya no soy el mismo de antes y que es posible que tú tampoco lo seas. 

A mí me cambiaron todos esos viejos árboles de la plaza cuando dejaron de mirarme, el cielo azul que en ocasiones emborronaba nuestros nombres y el no ser capaz de llorar a destiempo.
A  mí me cambió el silencio que entraba por las rendijas de la persiana, la felicidad que descubría en las sonrisas ajenas y todas las veces que te oí decir te quiero.
A mí me cambió la lluvia y la libertad y el asombro cuando pronunciaba tu nombre en las noches en que sentía tristeza.
A  mí me cambió no saber volar y también me cambió la Gran vía. 
A mí me cambió una canción de los Rolling y todos los “parasiempre” que me susurrabas al oído mientras bailábamos.
A mí me cambiaron los besos y los abrazos,  los éxitos y sus consecuencias, los caminos que recorrí y los que se quedaron sin recorrer para siempre. 
A mí me cambiaron los libros que leí, los poemas que escribí y las canciones que no supe entonar.
A  mí me cambió la indiferencia de tu mirada, el secreto de tus caderas, el descubrimiento de la inercia, los mapas que no pude descifrar, los vestidos que sí alcancé a desabrochar, las rosas que no te compré, las habitaciones de hotel en las que estuve solo, las ciudades que visité y otras muchas en las que nunca estuve ni estaré jamás. 
A mí me cambiaron los ríos y los cristales rotos, las murallas y las habitaciones vacías, los ruidos y la tristeza de no saber qué fue lo que te cambió a ti.


Juanjo Ginés 

lunes, 14 de agosto de 2017

14 de agosto



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No quiero olvidar el colegio en el que estudié la EGB.

52


No quiero olvidar que a veces exageraba mi timidez solamente para gustarte. 

53

No quiero olvidar que aprendí a leer para poder estar a solas y en silencio.

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No quiero olvidar que me gustaba verte bailar, ni tampoco lo que sentía en el momento justo en el que empezaban a sonar aquellas canciones que solíamos  bailar agarrados. Entre todas ellas , mi preferida era Angie de los Stones porque tenía la impresión de que cuando sonaba esa canción, tú te apretabas un poco más contra mi pecho. Siempre pensé que eso era hacer el amor.

55

No quiero olvidar mi viejo Scalextric

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No quiero olvidar que la luna nos brindó mil oportunidades de fumar juntos cigarrillos con los pies colgando.

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No quiero olvidar tus caderas ni la manera en que caminabas.

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No quiero olvidar que tu cuerpo se parece a un poema que escribí hace mucho tiempo.

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No quiero olvidar cuando te llamaba por teléfono pensando en contarte mil historias y decidido a que escucharas hasta el final  todas mis propuestas y que sin embargo se me cortaba la voz al escuchar la tuya y entonces ya no era capaz de articular una sola palabra. Y así todos los días.

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No quiero olvidar la primera vez que pronuncié tu nombre en voz alta en tu presencia. Dijiste entonces: “Muy bien, vamos mejorando”

61

No quiero olvidar que te fuiste sin decirme dónde guardabas el amuleto que te regalé por tu cumpleaños. Ni tampoco cuándo pensabas volver.


(Continuará)

Mantuvimos los motivos (2013)

Nada surge de la nada. Casi todo lo que fuimos formó parte de nuestra biografía y también de nuestra imaginación. “No soy sino aquello que recuerdo”, te dije y también te lo diré más adelante y durante todos los días de nuestra vida. 
Cuando era niño soñaba con que algún día encontraría a una mujer como tú paseando por un bosque de versos alejandrinos y de ruidos extraños. Cuando por fin te encontré supe al instante que eras tú a pesar de que estaba lloviendo y de que no había bosques ni versos y el silencio lo ocupaba casi todo. Me miraste a los ojos y yo por timidez no supe qué decirte pero en cambio por la noche te escribí dos poemas de amor. 
Nadie dijo nunca nada pero mantuvimos los motivos. 

Juanjo Ginés 

viernes, 9 de junio de 2017

Nuestra vida la medimos por la forma en que nos decíamos las cosas sin necesidad de hablarnos


Estoy casi seguro, mi amor,  
de que la parte más cruel del tiempo,
o mejor dicho
de lo que su paso
hizo de nosotros,
no fue tanto su hostilidad
como su indiferencia.

Te digo, mi amor, 
que el tiempo que nos mató  
ni siquiera tuvo la necesidad
de querer hacerlo.

jueves, 20 de abril de 2017

Pertenezco a una tribu de lectores


Yo pertenezco a una tribu de lectores que disfrutan de la intimidad, de la soledad y del silencio. Yo pertenezco a una tribu de lectores que les gusta conversar sobre sus libros favoritos. Yo pertenezco a una tribu de lectores que habitan  en un mundo de páginas y palabras. Yo pertenezco a una tribu de lectores capaces de llorar ante un verso, como Stendhall al contemplar la belleza de Florencia. Yo pertenezco a una tribu de lectores que encuentran placer en la lectura y también en la relectura. Yo pertenezco a una tribu de lectores que creen que leer es recordar, y vivir, y soñar y volver al vivir. Yo pertenezco a una tribu de lectores que aborrecen el entretenimiento fácil y el imperio de lo efímero. Yo pertenezco a una tribu de lectores que dudan y que piensan. Yo pertenezco a una tribu de lectores que acuden a las librerías para calmar una sed o encender una luz.